OPINIÓN PORTADA

ANTE LA CRISIS: OPTIMISMO Ó PESIMISMO

A 7 de julio del 2020

“Las dificultades dominadas, son oportunidades ganadas”

Winston Churchill

La crisis es definida por la Real Academia de la lengua española como “una situación mala o difícil” que provoca efectos sobre las personas o instituciones que la viven. Se dice que si se maneja mal el impacto puede ser demoledor, pero si se hace bien es una oportunidad, para fortalecer a la persona o la institución que la padece.

Ahora bien, se dice que la única manera de sortear bien una crisis es estar preparado, para cuando ocurra porque ésta es inherente a toda acción.

Puede verse desde dos ópticas, la del optimismo, que es una actitud que permite valorar positivamente cada circunstancia que vive el individuo, por lo que le permite afrontar los obstáculos con ánimo y perseverancia.

Una persona optimista está llena de seguridad y confianza. El ser optimista permite observar, aún en las peores situaciones, oportunidades y desafíos para crecer como ser humano, aprender de los errores, y adquirir impulso para luchar por sus objetivos.

El optimismo va acompañado de la esperanza que posee cada persona, en cada una de sus acciones, para enfrentar lo malo de la vida. Aporta la energía para superar las adversidades u obstáculos que se presentan en el camino para alcanzar nuestros propósitos.

Lo antagónico del optimista es el pesimista. Algunos escogen adoptar esta postura ante la vida. El pesimista se caracteriza por observar el lado negativo de la situación, y con la firme convicción de que empeorará, sin buscar una posible solución para salir adelante del mal momento.

Como tal, el pesimismo no permite ver el lado positivo de las cosas, y no permite al individuo intentar esforzarse por solucionar los problemas.

El pesimista es visto como un ser humano que complica la vida de las demás personas, no sólo por su actitud de ver un único lado de las cosas, sino porque su destino es el fracaso. No permite consejos ni escucha positivamente las alternativas que se le plantean. Les es más fácil pasar todo el día lamentándose, llorando y quejándose por le sucede.

Existen muchos convencidos, respecto a que siempre, en medio de una crisis, hay una oportunidad.

Así las cosas, la terrible pandemia del coronavirus que tiene al mundo consternado, desde ya, a pesar de que no hemos visto aún su final, deja lecciones contundentes no solo sobre lo que día a día aún debemos todavía sortear en el corto y mediano plazos, sino lo que las consecuencias de todo esto vislumbran hacia el largo.

Lo primero que hay que reflexionar sin duda alguna es lo efímero y vulnerable, que, en los hechos, somos los seres humanos.

De golpe y porrazo, queda claro que la soberbia y la insensatez, tan proclives en las sociedades egoístas de nuestros tiempos, reciben un “estate quieto” muy útil para hacer un alto en el camino respecto a la necesidad que tenemos ya no solo para componer el rumbo por nosotros mismos, sino para hacerlo pensando en el legado que habremos de dejar a las siguientes generaciones.

Sin duda, a lo largo del tiempo han existido personas que lograron descubrir que para saber distinguir una oportunidad hace falta tener la sabiduría que parte de una magistral mezcla de fe y racionalidad ante la circunstancia adversa la cual amerita hacerle frente.

Es importante asumir con objetividad (desde ya para actuar en consecuencia) lo siguiente: una vez que la pandemia pase y que nosotros los humanos que la podamos librar nos dispongamos a hacer el recuento de los daños más allá de los más trágicos que tienen que ver con quienes lamentablemente perdieron la vida, nos debemos disponer a retomar con todo vigor, la fuerza motor del trabajo como el dinamo necesario que nos permitirá encontrar nuevas maneras de generar y distribuir la riqueza a sabiendas de que la recesión económica mundial que en los hechos producirá la actual emergencia significará un enorme reto a solventar entre todos.

Algo Más…

Amable lector, empezaron a surgir las encuestas, que se esté de acuerdo o no, son además, y primordialmente, un pivote para hacer campañas anticipadas, a ciencia y paciencia del órgano electoral, aparte de que no tienen la calidad que la ciencia social les asigna, ni el soporte estadístico que le otorga el barniz de las matemáticas, que se sabe es la única ciencia que tiene reputación de exacta, aunque hay paradojas que la desmienten, aunque ese es otro tema.

No hay candidato o candidata que se precie hoy de estar en el mercado electoral (perdón por el concepto neoliberal) que no se presente con una encuesta bajo el brazo que lo apoye y lo haga, presuntamente, “competitivo”. Este es el uso propagandístico de la encuesta; reconozco que como recurso alcanza, tiene cierta eficacia y termina por dar o negar ventajas, tal y como lo demuestra la experiencia mexicana en el empleo de esta artimaña que llegó para quedarse, a lo más, hace treinta años. Antes no era necesario en política electoral, sólo había una marca en la competencia y además llevaba, para que no hubiese duda, los colores de nuestra bandera nacional y la invitación a “ser patriotas”.

DLXXXVIII.- No deben soslayarse las encuestas, poco puede hacerse cuando los ciudadanos toleran el fraude y la mentira y son ellos mismos los que se echan las cadenas y los grilletes encima, es urgente salir del marasmo de las mentiras.

El Coronavirus muestra el oportunismo político en Iguala.

Sabías que: Acostarse con hambre, o comer demasiado antes de dormir puede producir insomnio.

Hasta la vista.

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