OPINIÓN PORTADA

ANTE LA PANDEMIA, EL SARCASMO

Por José Antonio Lavin

“El silencio y la sonrisa son dos armas poderosas, La sonrisa resuelve problemas, el silencio los evita”.

Ante la desolación, sin cura a la vista, con temor e incertidumbre, sin ejes rectores convincentes, con el mundo resquebrajado, sin luz ni respuestas, con encono y desasosiego, buscar razones, no para salir del atolladero, sí para al menos menguar la inquina que recorre el mundo desde antes de la pandemia y que ahora nos atenaza es necesario buscar explicaciones. Las palabras empujan, las conversaciones, un dia nutren, al otro, agobian; las noticias asfixian un día, confunden el siguiente. Faltan palabras. El lenguaje no es complicado, gracias a él nos convertimos en seres humanos. Complicada la pandemia y la falta de certezas. Con la realidad impuesta por Covid-19 es necesario hurgar y de ser posible responder. Las dudas empujan y buscan. Ética y política son parte del vocabulario, verbal, escrito e imaginado, de buena parte de la población.

El vínculo entre ética y política es innegable. Pilar de la política debe ser la ética. No lo es y no lo ha sido. Innumerables conflictos nacionales, comunitarios y mundiales emergen cuando el poder ignora conceptos éticos o morales fundamentales. Algunas, o muchas enfermedades del mundo contemporáneo se deben al divorcio, cuasi viudez, entre ética y política. Siempre ha sido así. La velocidad de las noticias y la inmediatez del mundo exponen dicho desencuentro.

Es difícil conocer que no existen currículos universitarios específicos ni carreras obligatorias para quienes se dedican a la política y menos aquellos impartidos por gobiernos. Ética debe figurar en los planes. Figurar no equivale a ejercer. En épocas de estadísticas perpetuas como parte de nuestra condición, interesante sería efectuar un estudio poblacional acerca de la concepción sobre cuán éticos son los políticos. Intuyo la percepción de la población: La mayoría reprobarían sin posibilidad de una segunda evaluación. El mundo desdibujado y enfermo, salvo en algunos rincones del orbe, retrata, amén de la consabida corrupción y el lamentable latrocinio, el desprecio de los políticos hacia la ética.

La esencia del vínculo ética y política debería consistir en ejercer la profesión sin entrar en conflicto con los derechos de las personas, a lo cual agrego, no robar -o robar lo menos posible-, no corromper -salvo a sus familias-, no fomentar la impunidad, distribuir riqueza, y, de ser posible, leer un libro cada sexenio.

Estos últimos meses han sido todo, menos un escenario donde los liderazgos sociales y políticos den ejemplo de cómo manejar un país en crisis. Vaya espectáculo que hemos presenciado (y padecido) los ciudadanos.

Más bien tenemos una batalla entre factores económicos y sanitarios, y ella aparece poderosamente la mano de la política. Creo que, conscientes del tren negativo de una economía estancada, en Palacio Nacional sabían que sería catastrófica una paralización económica por la pandemia. El Gobierno federal se resistió hasta donde pudo para retrasar las medidas obligatorias convocadas por el Consejo de Salubridad General. Esto sucedió en marzo. Mediante decreto, se adoptaron todas las medidas que señala el protocolo de emergencia sanitaria, salvo una: Lo referente a los sueldos. Se dice que el Gobierno federal, hábilmente no quiso aparecer como el malo de la película y le endosó responsabilidades a las entidades federativas, que a su vez tuvieron que publicar sus propios decretos En materia de movilidad, por ejemplo, por aquello de ser “un Gobierno liberal que respeta los derechos”, desde Palacio Nacional se limitaron a decirle a la gente que fuera responsable, consciente, que mantuviera la sana distancia y que se quedara en casa. Todas ellas recomendaciones buenas, pero en un país donde la mayoría del pueblo bueno y sabio es en realidad ignorante y negligente, estas básicamente sólo fueron llamados a misa.

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Entonces algunos gobiernos estatales decidieron por sus pistolas y su autoridad, dar muestra de fortaleza y dictaron medidas muy fuertes en materia de contención social en espacios públicos. Inclusive violando los derechos humanos.

Así fue transcurriendo el tiempo y mientras la pandemia desnudaba nuestros estructurales problemas como país, la realidad nos alcanzó. Para mediados de mayo, entre que vinieron frases desafortunadas como que “se había vencido a la pandemia” y que la gente ya estaba desesperada (y económicamente necesitada), el pueblo bueno y sabio comenzó -por su cuenta- a reactivarse y sucedió lo elemental: La tasa de contagios escaló. Habiendo perdido varias partidas, en este juego de la política, algunos gobiernos estatales aprendieron la lección y le indilgaron, sin tener facultad para ello, la responsabilidad a los municipios, y ahí están los resultados.

DLXXXIII.- Con la abolición del principio No Reelección, los presidentes municipales y algunos diputados, disponen del dinero público para publicitarse en todos los medios posibles, situación que origina que los medios eviten tocar los actos de corrupción evidentes, amen que la contraloría estatal no los toca por acuerdos con el Gobernador, así la lucha contra la corrupción e impunidad es muy cuesta arriba.

Por último y a juzgar por las contundentes evidencias, los amos de los “cuernos de chivo” son los que mandan, los medios y periodistas locales aplican y vale la autocensura en temas como lo acontecido en rumbos de Caborca, Celaya, Pilcaya y Sonoyta.

Sabías que: El humor y la risa son dos de las maneras más rápidas para deshacerse del estrés y el dolor.

Hasta la vista.

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