OPINIÓN

COVID-19 ¿QUIÉN TIENE LA CULPA?

Algunos dicen que el gobierno es culpable de la tragedia sanitaria que ocurre en nuestro país. Otros, en cambio, dicen que es la sociedad la que no ha estado a la altura. ¿Quién tiene razón?

A 26 de agosto del 2020

Por CEREBRO

Basta darle una checada a los números, basta tener que recurrir a la gráfica logarítmica porque en la lineal es complicado ver alguna desaceleración de los casos a más de seis meses de que la pandemia pisó nuestro país.

Lo más triste es que al día de hoy no parece verse la luz al final del túnel. Parece que seguiremos a la deriva: contando centenares de muertos y miles de contagiados diarios mientras no ocurra una de dos cosas: 1) que se produzca la tan ansiada vacuna y se comience a aplicar o 2) que sí se logre la anhelada inmunidad de rebaño (claro, después de algunos cientos de miles de muertes).

En la opinión pública (sobre todo en redes) corren dos versiones: una dice que no hay que culpar al gobierno, que veamos a toda la gente en las calles y vacacionando como si nada, y otra que dice que todo es culpa del gobierno y que si la gente no se cuida es culpa del gobierno mismo (por no tomar medidas drásticas o mandar mensajes confusos).

¿Y entonces quién tiene la culpa?

La realidad es que tanto gobierno como sociedad cargan con la responsabilidad de la tragedia. Son corresponsables, y me explico…

La responsabilidad del gobierno:

Es evidente que el gobierno tiene capacidad y poder para tomar decisiones que incidan en el resultado de la pandemia, no es como que el gobierno no pueda hacer nada ante una sociedad que se comporta de forma irresponsable.

El gobierno ha cometido errores muy graves.

  1. Ha mandado mensajes muy confusos. López Obrador (en la misma tesitura que sus colegas populistas Donald Trump y Jair Bolsonaro) se ha rehusado a usar cubrebocas e incluso invitó a la gente a salir en plena pandemia contradiciendo al subsecretario Hugo López-Gatell.
  2. Se ha negado a ayudar a pequeñas y medianas empresas a sortear la crisis económica producida con la pandemia, con lo cual mucha gente no solo está en aprietos económicos, sino que tiene menos margen de maniobra para cuidarse del Covid-19
  3. La estrategia seguida por Hugo López-Gatell (el modelo centinela) ha demostrado ser inadecuada para contabilizar el número de muertes y contagiados, con lo cual es imposible desarrollar una estrategia ya que el gobierno solo puede actuar “a ciegas”. Ni hablar del afán del subsecretario por dar una y otra vez pronósticos que no se cumplen.
  4. La estrategia sanitaria también ha sido deficiente (y en parte se desprende del punto anterior). El hecho de que muchas personas mueran en casa y los hospitales no estén saturados (cosa que el gobierno presume como un logro), obedece a la deficiencia de la estrategia para atender a los pacientes con Covid-19 que requieren estar en cuidados intensivos.
  5. La falta de coordinación e incluso de voluntad de cooperación con los gobiernos estatales (claro, asignando a estos últimos parte de la responsabilidad).
  6. Y por último, la nula autocrítica. Ante el evidente fracaso de la estrategia no hay ningún cambio de plan y estrategia. Por el contrario, los esfuerzos van encaminados a convencer a la población de que sí lo están haciendo bien.

La responsabilidad de la sociedad

Pero sería absurdo culpar al gobierno de toda la tragedia cuando muchas personas están allá afuera sin cubrebocas y sin tomar medidas mínimas. Pensar eso implicaría anular el libre albedrío de la gente así como considerar a la gente como meros autómatas que solo actúan cuando el gobierno les da órdenes.

Cabe resaltar que cuando hablo de “la sociedad” estoy haciendo una mera generalización. No toda la gente se comporta de forma irresponsable y no son pocos los que se cuidan, pero sí hay mucho otros que, teniendo posibilidad de tomar precauciones, simplemente no lo hacen. En promedio podría concluir que la respuesta de la sociedad ante la pandemia no ha sido la mejor.

La verdad es que allá afuera hay mucha gente sin cubrebocas, que no toma medidas, y a la que no le importa siquiera portar su frasquito de gel antibacterial. Se entiende que hay gente que por su situación socioeconómica tienen que moverse en transporte público para ir a trabajar y tienen que pasar por aglomeraciones. Este tipo de eventualidades se obvian, pero uno esperaría que, eventualidades aparte, se tomen precauciones en medida de lo posible: si tengo que viajar en un vagón de metro congestionado, de menos me llevo mi cubrebocas.

Incluso hemos visto eventos muy penosos y degradante como ataques y linchamientos a médicos por parte de personas que dicen no creer en el Covid-19. La gente también tiene la responsabilidad de informarse bien.

Claro que todos quisiéramos salir sin cubrebocas, pero desde una postura racional es una incomodidad mucho menor portarlo que contagiarse o contagiar a otros de Covid-19. La verdad es que a mucha gente no le ha importado y algunos de ellos han tenido que pagar la lección de terrible manera (muchas veces con parientes que fallecieron producto de su irresponsabilidad).

Conclusión

Evidentemente, es imposible tarea medir cuantitativamente cuánto es responsabilidad del gobierno y cuánto de la sociedad, son demasiadas las variables en juego. Sí podemos, sin embargo, determinar por simple observación que ambos actores han puesto de su cosecha para que esto salga mal. Está claro que de ninguna manera la responsabilidad de un actor exime el de otro como si se tratara de una categorización binaria.

Y para concluir, no podemos dejar de hacer notar que ni el gobierno ni la sociedad son dos entidades independientes que no interactúan. La forma de actuar del gobierno algo nos dice sobre la forma de ser de la sociedad. Los políticos no crecen sobre algún vacío cultural e idiosincrático. Por el contrario, el político no se puede terminar de explicar sin hacer referencia a la sociedad de la cual surgió y forma parte.

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