OPINIÓN PORTADA

“EL PRINCIPE” DE NICOLAS MAQUIAVELO

A 12 de julio del 2020

Se considera que, Nicolás Maquiavelo, escribió su polémica obra, “El Príncipe”, entre los meses de agosto y diciembre de 1513, en su casa, en las afueras de Florencia, en sus momentos de ocio. Se dice, que por esa época, se encontraba en un “aparente” retiro, digamos, forzado de la vida pública del Gobierno Florentino. Dicho libro, se integra por veintiséis capítulos.

Maquiavelo, por ese entonces, buscaba protección, ante la caída y la desgracia política, por la que en ese entonces vivía. Eso, le conduce a la toma de una crucial decisión. La de dedicarle su libro, “El Príncipe”, a la familia Médicis. La más poderosa de las familias Florentinas del momento. En especial, a Lorenzo de Médicis, “El Magnífico”, que para Maquiavelo, desgraciadamente, muere. Sin embargo, eso no fue problema. Pues, como afirmaba el propio Maquiavelo, en el capítulo XVIII de su citado libro, escrito en lengua popular y no en los cánones del latín culto, que se requería, como era el caso, para escribir una obra docta, que “Los fines justifican los medios”. Pues “muerto el Rey viva el Rey”. Buscaba, urgentemente, protección política. Algo que para Maquiavelo, en ese entonces, era prioridad. Por lo que, “El Príncipe”, finalmente, es dedicado al ascendente gobernante Florentino, Lorenzo Piero de Médicis, Lorenzo II.

La dedicatoria que, Maquiavelo, escribe en “El Príncipe” inicia diciendo, “Los que desean congraciarse con un príncipe suelen presentársele con aquello que reputan por más precioso entre lo que poseen; de ahí que se vea que muchas veces le son regalados caballos, armas, telas de oro, piedras preciosas y parecidos adornos dignos de su grandeza”. Cuando reflexiono, sobre este párrafo, pienso que Maquiavelo, de entrada, con ese texto, le transmite a Lorenzo II, un mensaje subliminal, con el que le enuncia al gobernante Florentino, que él desea ganar la voluntad de su excelencia al margen, de esas cosas, vanas y suntuarias. Pues, Maquiavelo, carece de riquezas y de bienes suntuarios para congraciarse con Lorenzo II. Y en seguida, le enuncia, lo que él considera que un gobernante debe necesariamente conocer. Es decir, no sólo cómo lograr el poder, sino el cómo mantener el poder. Por lo tanto, a Lorenzo Pietro de Médicis, le obsequia, ideas. Pero, no cualquier ideas.

De ahí que se presente, ante Lorenzo II, diciendo en su dedicatoria líneas abajo que, “no he encontrado entre lo poco que poseo nada que me sea más caro o que tanto estime como el conocimiento de las acciones de los hombres, adquirido gracias a una larga experiencia de las cosas modernas y a un incesante estudio de las antiguas”. Remarco, lo más preciado y lo que más estima dice, Nicolás Maquiavelo, es el conocimiento de las acciones de los hombres y es con lo que intenta ganarse la buena voluntad del gobernante Florentino. Señalándole que, “con gran seriedad, he encerrado en un corto volumen, que os dirijo… Acoja, pues, Vuestra Magnificencia, este modesto obsequio con el mismo ánimo con que yo lo hago”. Continua diciendo, Maquiavelo, “si lo lee y medita con atención, descubrirá en él un vivísimo deseo mío: el de que Vuestra Magnificencia llegue a la grandeza que el destino y sus virtudes le auguran”.

Ahora mismo. Los lectores, del presente escrito, deberíamos de preguntarnos ¿Por qué es necesario leer y conocer el contenido de “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo? Quizás haya varias razones. Pero sólo mencionaré algunas, que a mi juicio, parecen ser importantes. Primero, porque es un libro moderno cuyo contenido pragmático no sólo enseña cómo alcanzar el poder sino también como mantener el poder. Es el reflejo del comportamiento real de los hombres de una nueva época que desmorona al viejo régimen medieval. Y porque se enmarca en una lucha feroz entre el renacimiento cultural de la antigüedad clásica greco-romana y una época que anuncia su partida para siempre. Segundo, porque con el contenido del libro, Maquiavelo, se adelanta a su época. Pues, con ello, ve que lo que no pudo lograr Lorenzo “el Magnífico” lo puede lograr Lorenzo II que es, principalmente, la unificación de las Ciudades-Estado Italianas y Principados, dispersos. Porque así, dispersos, la península itálica resulta ser, notoriamente, codiciada por potencias extranjeras como Francia, Austria y España. Si Cesar Borgia, el Papa Alejandro VI y Lorenzo de Médicis, “el Magnífico”, no pudieron. La visión de Maquiavelo es que, Lorenzo II, sí puede lograrlo. Y Tercero, porque con el paso del tiempo, “El Príncipe”, sienta las bases para el ejercicio de la ciencia política moderna.

Y, por otro lado, me fascina, el contenido del capítulo XVIII, entre otras cosas, porque Maquiavelo señala, con mucho pragmatismo y contundencia, que al Príncipe le conviene “transformarse en zorro y en león, porque el león no sabe protegerse de las trampas ni el zorro protegerse de los lobos. Hay, pues, que ser zorro para conocer las trampas y león para espantar a los lobos”. Esta referencia de Maquiavelo, en “El Príncipe”, la interpreto pedagógicamente. Porque percibo que, el gobernante, tiene que combinar fuerza e inteligencia para saber mantenerse en el poder. Me hace pensar en que, el gobernante, tiene que ser lúcido, brillante, audaz y en la medida de que así lo sea, el adversario, habrá de respetarlo. Porque, sin estas prendas de inteligencia, no lograrán verlo como zorro o como león y así, difícilmente, podrá vencer. Algo que coincide, con la referencia en comento, es lo que señala en el capítulo III, cuando afirma que, “a los hombres hay que conquistarlos o eliminarlos; y la ofensa que se haga al hombre debe ser tal que le resulte imposible vengarse”. He aquí la esencia del ser zorro y del ser león. Y, por lo tanto sostengo que, también, de la inmoralidad política. Porque para alcanzar los fines y mantener el poder, según Maquiavelo, todos los medios son válidos y justificables.

De ahí que el contenido de, “El Príncipe”, sea considerado como un sinónimo de perversidad, envidia y maldad. Adjetivando así, el apellido de Nicolás, como algo “maquiavélico”. Es decir, que tiene que ver con astucia, engaño y doblez, como método usado por ciertas personas para lograr sus fines y/o propósitos. Lo que resulta ser, una aberración semántica. Porque el apellido Maquiavelo, no significa y ni es, sinónimo de maldad, envidia, engaño o perversidad. Cesar Borgia, Lorenzo de Médicis, “el magnífico”, o el Papa Alejandro VI, fueron perversos. Por decir lo mínimo, y no porque hayan leído, “EL Príncipe”, de Nicolás Maquiavelo. Lo fueron de motu propio.

Por el contrario, el mérito de Maquiavelo, radica en que supo y pudo escribir un libro en función del conocimiento de las acciones de los hombres que vivieron en la antigüedad y que en su época, vivan en torno al poder político. Sean estos modernos o sean antiguos, como él mismo lo señala. Por ejemplo, al griego macedonio, Alejandro Magno. El persa, Darío III. Gobernantes de Siracusa. El romano, Marco Antonino. Cesar Borgia, hijo del Papa, Alejandro VI. Entre otros.

Nicolás Maquiavelo, dedica el último capítulo de su libro, el XXVI, a exhortar a liberar a Italia de los bárbaros. En uno de esos párrafos, menciona que “espera Italia al que debe curarla de sus heridas, poner fin a los saqueos de Lombardía y cauterizar sus llagas desde tanto tiempo gangrenadas. Vedla como ruega a Dios que le envíe a alguien que la redima de esa crueldad e insolencia de los bárbaros”. Propone, con esto, el surgimiento de un redentor que pueda unificar a las Ciudades-Estado italianas y a sus dispersos Principados, como la única forma para la unidad de la península itálica. Es muy cierto que, el florentino, hablaba en italiano pero, constantemente, pensaba en Francia. En Austria y en España. En Génova y en Venecia. ¿Porqué? Como no, si eran sus principales adversarios y expansionistas territoriales. Está de por medio, el Estado Florentino e Italia. Esta idea. Una gran idea. La unificación italiana. Era lo que, al final, le vendía a Lorenzo Pietro de Médicis, Lorenzo II.

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