OPINIÓN PORTADA

ITURBIDE, EL OTRO PADRE DE LA PATRIA

Iguala de la Independencia, Gro., a 5 de julio del 2020

He leído, tres libros del autor, Pedro J. Fernández. “Iturbide, el otro Padre de la patria”; “Yo, Díaz”; y “Morir de pie”; Los tres, me parecen, excelentes novelas históricas. En las que, el autor, aborda, diferentes personajes, en diferentes momentos históricos de la vida pública y política de México. Como es, la vida de Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu, en la época de la independencia y la naciente nación mexicana. Por igual, el ascenso al poder, de José de la Cruz Porfirio Díaz Mori y el establecimiento del Porfiriato. O bien, de Emiliano Zapata Salazar, su relación con connotados porfiristas y la revolución. Sin embargo, destaco, en lo particular, principalmente, a “Iturbide, el otro Padre de la patria”, por su relación histórica con nuestra antigua ciudad llamada, “Iguala de Iturbide”, ello, en gran parte del siglo XIX. Libro, del cual, voy a comentar algunas cosas a continuación.

“Iturbide, el otro Padre de la patria”. Es una novela histórica excepcional por dos razones. La primera, porque descubro, en el texto, que el autor de manera audaz trata de recrear imaginariamente las particularidades de cómo pudo haber ocurrido un hecho histórico. Describe, de manera mágica, los prolegómenos  en torno a un suceso histórico llamado, Agustín de Iturbide. En donde, lo literario y lo histórico, se funden en la construcción de un proceso imaginario. El del cómo, los hechos previos al acontecimiento, pudieron haberse dado. En la construcción, de ese imaginario, la frontera, entre lo histórico y lo literario, es práctica y objetivamente, metafísica. Es algo, meramente, imperceptible. Y, lo que llamo, audacia del autor, radica en construir a partir de un hecho histórico, una obra excepcional. Humilde, por la sencillez y la contundencia, con que se narra. Basta leer, el punto número uno, para comprender, esas características de sencillez y de contundencia narrativa que, en general, prevalecen en el texto. Por ejemplo, la descripción que hace, en torno a la construcción repito, imaginaria, de cómo quizás, pudieron haber sucedido los momentos previos al nacimiento de Agustín de Iturbide, en casa de don José Joaquín de Iturbide y Arregui y de doña María Josefa de Aramburu y Carrillo de Figueroa, en Valladolid, aquel 27 de septiembre de 1783. Pues, esa construcción imaginaria, que como ya dije, es lo que a mi entender significa, la primera razón, de eso que llamo excepcional, de la novela histórica, “Iturbide, el otro Padre de la patria”, del autor, Pedro J. Fernández.

La segunda razón. Es que, a la par, de la novela histórica, Pedro J. Fernández, nos deja al propio Agustín de Iturbide, para narrar, su propia historia o sus memorias. Mismas que, desde el exilio, le cuenta de manera epistolaria a su hijo Agustín, desde su casa en Londres, Inglaterra, a partir del mes de marzo de 1824. La primera carta inicia diciendo, “Hijo mío, Agustín, quiero escribirte unas líneas para cuando ya no esté contigo”. Y, continua diciendo, “sirvan estas cartas como mis memorias íntimas; compártelas con tus hermanos y con tu madre”. En seguida, refiero tres momentos  de esa primera carta, que me parecen importantes, para descubrir, el estado de ánimo por el que atraviesa en esos momentos la vida, de Agustín de Iturbide, en el exilio Londinense.

1º. Le narra, a su hijo, diciéndole, que cuando él era niño, Valladolid le parecía una tierra tranquila, pues su existencia fue diferente a la de la mayoría de esas castas, podría decirse que privilegiadas. No se dedicaban, como se dedican, ahora, a decir, repitiendo, las múltiples mentiras de un vil americano de nombre, Vicente Rocafuerte. Y ¿Por qué, en su carta, la referencia a Vicente Rocafuerte? Porque eran adversarios políticos. Uno, era republicano y de la masonería. El otro, era un monárquico. Rocafuerte, publicó en Philadelphia en 1822 un libro titulado “Bosquejo ligerísimo de la revolución de Mégico, desde el grito de Iguala hasta la proclamación imperial de Iturbide”. En ese libro, Vicente Rocafuerte, no hace más que denostar al propio Agustín de Iturbide, por monárquico. El prólogo, inicia diciendo, en referencia a los primeros independentistas, lo siguiente, “No es la idea que se formaron o debieron formar las naciones del mundo culto después del grito de Iguala, la que tuvieron al tiempo de proclamar la libertad, Hidalgo y los primeros héroes”. 2º. En ella, le recuerda a su hijo Agustín, que su madre, la bella María Josefa de Arámburu, era una de las joyas de Valladolid y que, descendía, de uno de los fundadores de la ciudad, Juan de Villaseñor, dos siglos y medio atrás. Así que vino al mundo de una madre criolla y de un padre español peninsular. Algo así, como para recordarle, al hijo, el origen de su linaje familiar. Y,

3º. Le recuerda, como conoció, en círculos cercanos de amigos, y en las misas, donde todos eran españoles o criollos al cura, Miguel Gregorio Antonio Ignacio Hidalgo y Costilla Gallaga Mandarte y Villaseñor. Nombre completo de Miguel Hidalgo y Costilla. Tío suyo y primo de su señora madre. Que primero fue profesor y luego, rector del Colegio de San Nicolás Obispo. Quien, también, descendía de Juan de Villaseñor.

Cuando, por primera vez, conocí, el título del libro, “Iturbide, el otro Padre de la patria”. Sin ambages, les puedo decir que pensé seguro, que otro iturbidísta, busca reivindicar, históricamente, la figura destronada de Iturbide. Sin embargo, pensé también, que con rumbo al bicentenario de la independencia en el 2021, quizás otros pueden estar muy contentos, porque para ellos, el verdadero Padre de la patria es Agustín de Iturbide. El gran libertador. Creador del Plan de Independencia de la América Septentrional y, a la postre, Plan de Iguala. Así que al ir compenetrando en la lectura de dicho libro, pude enterarme que, Pedro J. Fernández, no es, propiamente, el inventor del título del libro en referencia. El autor, confecciona el título de su libro, con una frase del propio, Agustín de Iturbide. Veamos, cómo el propio Agustín, le narra a su hijo, en una carta fechada en Londres, el 27 de abril de 1824. Que él, siendo el libertador de México, el otro padre de esta patria mestiza, ha dejado en la orfandad una estirpe, no de sangre, sino de espíritu. Le dice que sabe que será otro quien ocupe el cargo de Padre, Creador de México o Benemérito de la Independencia. Que los mexicanos, lo recordaran con rencor, con un odio infundado, porque la única forma de destruirlo es pisoteando su memoria con infundios. Le dice, que él, le dio la libertad a México y que para ello, sus razones fueron tan humanas, como honorables. El mérito, indudable, del autor del libro en comento, consiste en la sintetización del contenido de esa cita, en siete palabras y visualizar, con ello, el título de su excepcional novela histórica, “Iturbide, el otro Padre de la patria”. Una novela histórica con un final, trágico. Muy parecido, al “Hamlet” de Shakespeare; Igual que, “El General en su Laberinto”, de Gabriel García Márquez; Y, porque no, al “Retrato de Dorian Grey” de Oscar Wilde.

A lo largo de la historia, han existido, siempre, grandes divulgadores del conocimiento, en general. Al respecto, podemos citar, la “Historia”, de Heródoto de Halicarnaso. “Vidas Paralelas”, de Plutarco y a Demetrio de Falero, Director de la Biblioteca de Alejandría. Sólo por mencionar a algunos de la antigüedad clásica. Durante el siglo XX vale la pena citar a Isaac Asimov y a Carl Sagan, entre otros. Y en México, durante el siglo XIX, a Vicente Riva Palacio Guerrero, por encabezar un proyecto de divulgación histórico nacional, desde la época precolombina hasta principios del porfiriato en 1880. Después, en el siglo XX, a Fernando Benítez, Daniel Cosío Villegas y a  Enrique Krause. Pero, en la segunda década del siglo XXI, surge una gama de divulgadores del conocimiento de la historia patria. Novelada, de manera amena y basada en hechos reales. Que narrados, magistralmente, de forma imaginaria tratan, con mucha audacia e inteligencia, atrapar nuestra atención para contarnos, los prolegómenos y las particularidades, entre una mezcla de historia y literatura. De mito y ficción, como es el caso de “Iturbide, el otro Padre de la patria”, del cómo pudieron haberse concatenado los sucesos previos al nacimiento de un hecho histórico.

Por ejemplo, Guillermo Barba, en “La Conspiradora”, nos cuenta imaginariamente las particularidades y las peripecias del personaje central que es María Ignacia “La Güera” Rodríguez, en el proceso de independencia desde el poder; Celia del Palacio, en su “Leona”, nos cuenta la vida política y amorosa de María de la Soledad Leona Vicario Fernández de San Salvador en su participación viva y real en el movimiento armado de la lucha por la independencia y la relación, con su esposo, Andrés Quintana Roo; Por igual, Guadalupe Loaeza y Verónica González Laporte, en “La Mariscala”, nos cuentan lo ocurrido entre Josefa de la Peña y el Mariscal, Achille Bazaine, en la época de Maximiliano. Juan Miguel Zunzunegui y “La caída del Dragón”, en referencia, a la caída en desgracia de Agustín de Iturbide a principios de 1816. Y, mención aparte merece, Carlos Tello Díaz, por su “Porfirio Díaz, su vida y su tiempo”. Finalmente, a esta gama de divulgadores, de la historia patria, mediante, la novela histórica, pertenece el Autor de “Iturbide, el otro Padre de la patria”. Cuyo protagonista, Agustín Cosme Damián de Iturbide y Arámburu, muere fusilado el 19 de julio de 1824 en Padilla, Tamaulipas, a los 39 años y 10 meses de edad.

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