OPINIÓN PORTADA

Las heridas de la partidocracia


José Antonio Lavín – Foto: Facebook

Por José Antonio Lavín

“Me pasaron muchas cosas que no merecía, pero me enseñaron que soy más fuerte de lo que creía”

En nuestro país la historia de los partidos políticos se inició después de 1823, antes de ello, teotihuacanos, olmecas, zapotecas, mayas, tlaxcaltecas y aztecas vivían un régimen de cacicazgo, donde imperaban las castas: los esclavos, pueblo, sacerdotes, militares y la familia de los caciques, posterior a la conquista (1821) siguió la designación de un gobernador o virrey de la Nueva España, persistió la división socia: indios, esclavos o sirvientes, hacendados, comerciantes, mineros, sacerdotes, curia de Roma y una alta burocracia.

Pasaron 300 años, en 1823 después de un breve reinado local, se dieron elecciones entre los conservadores que querían seguir dependiendo de la corona española y los liberales que no sabían si formar una república centralista u federalista, de esas elecciones se sucedieron golpes de Estado o asonadas por ambos bandos, que llevaron a la perdida de la mitad del territorio, ante los ambiciosos y mejor organizados vecinos del Norte, después nos invadió el ejército francés para instaurar un breve reinado, posterior a 1865 se celebraron otras elecciones, como siempre las inconformidades derivaron en la sublevación de Porfirio Díaz Mori contra la reelección de Juárez en 1871 a través del Plan de la Noria y 1876 con el Plan de Tuxtepec, que lo llevo a estar de 1876 hasta 1911 en el poder, eso sí, ganando siete veces las elecciones aclamado por un pueblo esclavizado e ignorante.

Dicha situación llevo al plan de San Luis que promulgaba un Sufragio Efectivo No reelección, el dictador huyo, hubo nuevas elecciones, las gano Madero y los conservadores y americanos lo asesinaron, de ahí se inició en serio la lucha armada, primero para sacar a Huerta del poder y después para irse colocando los fifís revolucionarios.


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Después de terminar con Zapata y Carranza y habiendo derrotado a Villa, es a partir de 1920, y siendo presidente Álvaro Obregón, presidencia derivada de la revolución anti porfirista, la fuerza militar liderada por la pequeña burguesía políticamente apremió a conformar un mando absoluto, infalible, capaz de conservar el poder en manos de cierta casta (la familia revolucionaria) auto aclamada para sustentar la supremacía sobre el Estado, gobierno y sociedad priorizando, dicho estratégicamente, el entramado del modelo que sobrevino con la creación, precisamente, de un ponzoñoso y blindado partido que por sobre lo habido y por haber, no obstante sus vaivenes ideológicos centristas-derechistas, se ha pertrechado en el poder a lo largo y ancho de un siglo (1920-2020).

Y más: cien años de sobrevivir bajo el dominio de una política cultural de costumbres y modos de vida priistas enraizó en la mente, costumbres y proceder de las masas creándoles un grado enajenante poco visto a pesar de la pobreza y marginación recargada en su cuello que, alusivo a la parte politizada o pensante, resulta más decadente por el hecho de fraguar opciones organizativas en apariencia diferentes pero que a toda prisa, envilecidos y confabulados se inclinan ante el orden partidario establecido: La vulgar y prostituida partidocracia da fe del embrujo existente.

Pese a ello, el comportamiento de los mexicanos y su participación electoral podrían escribirse varios tratados, mucho se ha dicho, escrito y propagado aun cuando el sello vinculador del ejercicio se base en la cantidad de votos depositado en las urnas aunque, dicho calculo por lo harto conocido, encamina a en medio de la nada que trae a mentes el ceñirse a determinado menú de estafas propagandísticas, discursivas e ilegales que se dejan hacer y pasar mediante el reparto de puestos, moches y canonjías pactadas en lo obscurito.

Recluidos los mexicanos en el incierto futuro, del pasado al presente, seguimos siendo testigos de un ámbito político escandaloso y sombrío que aun eficaz y verídico persiste en prácticas torcidas, fraudulentas y propósitos renegados por carecer de convicciones que se explican per se vía alianzas entre diferentes ideologías, pactos con un régimen en imaginaria disputa, infidelidad hacia el ideario enarbolado, lucro electoral faccioso, lideres gansteriles, etcétera; quienes en suma determinan el refrigerio, la estimulante y ambicionada ubre que colgante de todo partido inspira los fines sin importar los medios

¿Ante la pervertida partidocracia que rumbo asume Morena?

Algo Más…

Luis Castellanos, profesor español, comenta qué hay ciertas palabras que conviene tomar conciencia de las emociones que nos provocan. Por ejemplo la palabra pandemia para muchos puede ser frustración, enojo, impotencia. Para todos significará cambio de época, aprovechar para aprender, reencontrarse, convivencia familiar. Y lógicamente las palabras que utilices y su significado tendrán un impacto en lo personal. Es muy importante tomar conciencia, y si signas una palabra un sentido negativo así te sentirás.

El lenguaje simbólico tiene la gran capacidad de abarcar y comunicar la realidad. Podemos decir lo que existe (Ciudad de México), lo que no existe (Pinocho) y lo que existió (Checoslovaquia).

DLXXXII.- Muchos de nosotros crecimos con altibajos ideológicos, cuyo contenido calo’ y trascendió popularmente al margen del desamparo de la llamada “justicia social”, “Nacionalismo revolucionario”, “México industrializado”, “izquierda dentro de la constitución”, “Arriba y adelante”, “Mover a México” y otros señuelos “operados” como enmascaramiento de una situación político social, que previo modelo antidemocrático fue constituida la razón y ser de un régimen saqueador que por métodos violentos y de injusticia se sujeta a una funcional corrupción, impunidad y despojo, símbolo de gobierno particular, único, familiar, algo así como manejar el dinero público como propio, sin rendir cuentas, la absoluta impunidad, caso de la mayoría de gobernadores y presidentes municipales.

Sabías que: De acuerdo a varios estudios, no es posible roncar y soñar al mismo tiempo.

Hasta la vista.

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