OPINIÓN PORTADA

LEANDRO VALLE, EL JOVEN GENERAL JUARISTA


Por Felipe Ramírez Liborio

Por este héroe de la Reforma, este 23 de junio, cumple un año más de su horrendo asesinato en el Monte de las Cruces, por órdenes del sanguinario conservador, Leonardo “leopardo” Márquez, en 1861. Cuando se disponía detener a los asesinos del general Santos Degollado por órdenes tanto del Congreso Federal como del general Ignacio Zaragoza, Secretario de Guerra del Presidente Juárez. Por este joven, general juarista, asesinado a los veintiocho años de edad, siento una profunda admiración.

Razón, por la que hoy, voy a contarles algunas cosas importantes de su corta pero fructífera vida. Su talento militar. Su afición por las letras y la poesía, lo hacen ser admirable. Poseía un gran sentido de la lealtad y de la amistad. Al respecto, Aristóteles, refiere en su “Ética a Nicómaco”, que la amistad, además de ser una virtud, nadie elegiría vivir sin amigos.

Una persona como él, educada en familia, logra hacerse en el Colegio Militar, de muchos amigos. Uno de ellos, Miguel Miramón. En consecuencias, los valores e ideales de Leandro Valle, vienen de lejos. Pues, su padre, don Rómulo del Valle, fue un antiguo insurgente al mando del general Juan Álvarez.

Lograda la independencia, formó parte del Congreso Constituyente disuelto por Iturbide. Defensor del Castillo de Chapultepec, durante la intervención Estadounidense, en septiembre de 1847. Posteriormente, fue soldado de la Revolución de Ayutla y después, de la Reforma en el bando Liberal. Y su madre, doña Ignacia Martínez, una abnegada católica que invierte en cada momento, todos sus esfuerzos, por hacer de su hijo, un hombre de bien.

Para, Juan A. Mateos, quien narra en el “Libro Rojo”, tomo uno, publicado en 1871 que Leandro Valle, es una de las figuras más prominentes de la revolución progresista. Sin duda, una herencia paterna y militar, honorable para un joven que a los veintisiete años de edad, Santos Degollado, lo asciende a General de Brigada por su destacada actuación en la toma de Guadalajara en mayo de 1859, cuando la causa liberal, se veía perdida.

¿Quién era, entonces, Leandro Valle? En el acta de bautizo que me proporciona el Mtro. Guillermo de la Cruz Issa dice, “yo el bachiller don José Octaviano Dávila, bautice solemnemente a un niño que nació el día veintisiete del presente mes, febrero de 1833, le puse por nombre José María Leandro Francisco de Paula hijo legítimo de don Rómulo del Valle y de doña Ignacia Martínez”.

En el libro “Corona fúnebre” del C. General de Brigada, Leandro del Valle, que hace público su amigo Amado Camacho, meses después del sepelio, en el Panteón de San Fernando de la ciudad de México, en 1861. Ahí se narra, que sus primeros años de vida, los paso en Jonacatepec, por los rumbos de Cuautla, hoy Estado de Morelos. Porque de ese lugar, era originario su Padre. Que, en años anteriores, en 1812, se enroló en el ejercito insurgente durante el sitio de Cuautla. Ahí aprendió sus primeras letras de mano del don Francisco Saldaña. Hombre honesto y de irreprochable conducta.

En julio de 1844, a la edad de once años, ingresó al Colegio Militar. Ahí le toca compartir habitación con Miguel Miramón, quien por esas fechas, también, ingresa al Colegio. Inician una amistad, que será recordada por siempre, en los anales de la historia mexicana. En los días francos solían visitar a sus familiares y amigos. Fue en una de esas visitas, que Leandro Valle, le presentó a Concepción Lombardo. En ocasiones, le llevaba cartas de su amigo.

La inteligencia de Leandro Valle, pronto se ve reflejada, cuando el 30 de noviembre de 1845, el Colegio Militar, le concede el grado de Sargento segundo, para regocijo de sus adolescentes, amigos. Ángel Pola, narra en el tomo dos, del “Libro Rojo”, publicado en 1903 que, Leandro Valle y Miguel Miramón, bromeaban diciéndose uno al otro, cuando se encontraban en los pasillos del Colegio Militar. “Mi General Valle” y que éste, le contestaba diciendo, “ordene su alteza”.

Posteriormente, en enero de 1847, el Presidente interino, Valentín Gómez Farias, lo asciende a Subteniente. En seguida, sale en defensa del Presidente contra los pronunciados de la Profesa, “los Polkos”. Pedían su destitución, confabulados con el ejército estadounidense que preparaba la invasión a México. En septiembre, a los catorce años de edad, Valle y Miramón, juntos enfrentaron a los estadounidenses, en la defensa del Colegio Militar de Chapultepec.

El 20 de marzo de 1853, es ascendido a Teniente de Ingenieros y el primero de junio de ese mismo año, Antonio López de Santa Anna, lo asciende a Capitán segundo. Y, el 30 de agosto de 1854, a Capitán primero. Pero, al ser detenido su padre en Puebla, por arengar en favor de la revolución de Ayutla, renuncia a la guardia del general Santa Anna. Se incorpora con su padre a la revolución de Ayutla. Al triunfo, en 1855, el General Juan Álvarez, lo designa agregado militar en la embajada de México en Estados Unidos.

Pero, a principio del año de 1856, el Presidente interino, Ignacio Comonfort, revoca la orden, aludiendo falta de recursos financieros. Y, ante la toma de Puebla por los conservadores, el Capitán, Leandro Valle, es designado junto con otros militares, para recuperar Puebla para la causa liberal. Los conservadores resistieron en un principio. Pero en noviembre, fueron totalmente derrotados.

Entre ellos, se encontraba Miguel Miramón y otros oficiales que apoyados por el obispo Pelagio, fueron escondidos en casa de la familia Reyes, que apoyaba la causa conservadora. Cuando, Leandro Valle, se enteró que Miramón se escondía en casa de la familia Reyes, fue a detenerlo. De ese encuentro, José Luis Trueba Lara, comenta en su libro, “La derrota de Dios”, páginas 131-133, publicado en junio del 2010, por editorial Santillana, entre una mezcla de realidad y ficción. De historia y literatura. Que, transcurridos unos días, la casa de la familia Reyes, fue rodeada por las tropas de Leandro Valle, amigo de Miramón en el Colegio Militar.

El soldado liberal, tocó la puerta. La señora Reyes, le abrió. El liberal, le pregunto por Miramón. La señora, le contesto, que en su casa, no había ningún Miramón. Dígale, al Teniente Coronel, que Leandro Valle lo busca. Cuando la señora Reyes, iba a cerrar la puerta, apareció Miramón diciéndole, que lo dejara pasar. General Valle, como en aquellos tiempos de adolescentes, le dijo Miramón. Ordene, su alteza, le contesto el Liberal. Miramón lo invito a sentarse.

Recordaron los tiempos del “Cazador” lugar donde comían cuando salían francos y de sus peripecias en el Colegio Militar. Y sin más preámbulo, Miramón le pidió que hiciera lo que tenía que hacer. Regresaré mañana para hacer lo que me han encomendado. Contestó, Leandro Valle. ¿Y si ya no estamos? Preguntó, Miramón. Entonces, dijo el liberal, sabré que ya nada le debo a los soldados con los que combatí. Te deberemos la vida, dijo, Miramón. No Miguel. Lo mejor es pensar que desde hoy ya nada nos debemos. Cuando Leandro Valle salió de la casa, grito a sus soldados, ¡vámonos¡ Aquí, no se encontraban los conservadores que buscamos. Así, le perdono la vida a Miguel Miramón, cuando se perfilaba la guerra de reforma.

Al poco tiempo, en diciembre, salió rumbo a París. Iba como agregado militar de la embajada de México. Regresó, en noviembre de 1857, recibiendo del Presidente Ignacio Comonfort, el ascenso a Capitán primero. Al mes de que el Presidente Comonfort se dio un autogolpe de estado y que se uniera a los conservadores y conspiradores de Tacubaya, para desconocer la Constitución liberal de febrero, de 1857. Leandro Valle, salió en enero de 1858, con destino al Bajío, para incorporarse a las tropas liberales de Manuel Doblado en Salamanca. En mayo, el Presidente Juárez, lo asciende a Teniente Coronel. En noviembre, el general Santos Degollado, nuevamente, lo asciende a Coronel por su destacada participación en la toma de Guadalajara.

Para el año siguiente, 1859, la guerra de reforma parecía claramente en favor de los conservadores. En Guadalajara, la parte sur de Jalisco, Colima y Manzanillo, Leandro Valle, libra batallas verdaderamente míticas. De tal suerte, que la guerra de reforma en 1860, inicia con un vuelco inesperado en favor de los liberales. Leandro Valle, junto con Ignacio Zaragoza y Jesús González Ortega, propinan tremendas derrotas a los conservadores en Silao, Guanajuato, en agosto. En noviembre, en Guadalajara y el 22 de diciembre, definitivamente, en San Miguel Calpulalpan. Días después, el 24 de diciembre, Leandro Valle recibe inesperadamente una carta de Miguel Miramón. En ella le solicita que en nombre de su antigua amistad haga por su esposa Concha lo que en igual caso él haría por su familia. El joven general, cumplió a cabalidad dicha petición. Concepción Lombardo, salió del país por Veracruz, con su esposo, Miguel Miramón, sin ningún contratiempo rumbo a Europa.

En junio de 1861, cuando el Gobierno dispuso que Leandro Valle saliera de la ciudad de México, en dirección al Monte de las Cruces, en busca de los asesinos del general Santos Degollado, se despidió de su novia Luisa Jauregui de Cipriani y de paso, en Tacubaya, de su madre, doña Ignacia Martínez. Madre mía, exclamó, diciendo que tal vez no se volverían a ver nunca más. En esa ocasión su madre le colgó un relicario de la virgen de los Remedios. Luis A. Salmerón en su escrito publicado en la “revista relatos e historias en México” del mes de mayo del 2017 citando a Andrés Pola, en su referida obra, narra que previo a ser fusilado por órdenes de Leonardo “Leopardo” Márquez, le encargó a uno de los soldados que le devolvieran a su madre, el relicario que siempre le suplicó portar al frente de las balas enemigas. Y, que por favor, le dijeran, que dicho relicario, no era tan milagroso como ella lo creía.

Finalmente, el cuerpo del Joven general, es rescatado y llevado a la ciudad de México. Ángel Pola, lo narra así. El día 28 supo la Sra. Ignacia Martínez, que vivía en Tacubaya, que el cadáver de su hijo llegaría a la estación de Mulitas, y salió a su encuentro. Decía, estar loca de dolor. Lo vio venir, en hombros de unos indios y escoltado por unos de a caballo. En Chapultepec, cedieron a sus ruegos para que le dejaran verlo. Destaparon la caja ¡ah¡ Estaba en paños menores. Pero, le viene la conformidad luego que recuerda que su hijo, murió por su patria.

Luis A. Salmerón, refiere, que el 29 de junio, el joven general juarista, fue sepultado en el panteón de San Fernando, en un acto solemne, presidido por el Presidente de la república, don Benito Juárez García, la mayor parte de su gabinete y el Congreso Federal. Continua narrando, el citado autor, diciendo que es célebre, el discurso final que pronunció el general, Vicente Riva Palacio Guerrero al señalar, Señores, el que no sienta hervir la sangre en sus venas, ese no es mexicano, ese no es hombre. Continua diciendo, que su recuerdo será eterno, porque has muerto por el pueblo y por la libertad. Por eso, nosotros pobres soldados de la libertad, te felicitamos por haber dado a tu fe republicana, hasta el último aliento de tu vida, hasta el último latido de tu corazón.

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