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Celestino Cesáreo Guzmán / Foto: Facebook

Por Celestino Cesáreo Guzmán

Aún cuando no se ha confirmado el origen de la enfermedad que produce el coronavirus, ésta ha devenido en una mortal epidemia que cambió de manera radical el panorama de la salud y la economía, a la vez que motiva una profunda reflexión hacia la actuación de los gobiernos en todo el mundo.

Vivimos tiempos inéditos

Así haya surgido por la migración del virus desde el mundo animal a la especie humana, o sea un mal creado desde un laboratorio de China como señala (sin pruebas) el gobierno del presidente Donald Trump, la consecuencia de la epidemia se traducirá en una disminución de la población (sobre todo adulta) que ha inspirado teorías conspiratorias sobre su origen y propósito, así como un colapso en las economías de todos los países, y la llegada de reglas inéditas de convivencia que todavía no acabamos de asimilar.

En México es inédito que no se responda con precisión a la crisis que ocasiona la epidemia, los pronósticos fallan, las cifras son poco creíbles porque no son reflejo de lo que se vive en las colonias, en las comunidades, en los hospitales y en sus casas la gente muere, la curva de contagios sigue en ascenso, la recesión económica crece. Ante una crisis inesperada no hay prevención posible y la necesidad de la gente de salir a la calle para buscar ingresos genera un mortal círculo vicioso.

Es inédito que en el país los diagnósticos y las acciones del sector salud no se apoyen en la ciencia; se desdeña las experiencias de otros países y la guerra contra el Covid-19, no tiene pies ni cabeza. Los ciudadanos, los microempresarios y muchos gobiernos deciden tomar el riesgo de reiniciar actividades, pese a que el peligro es máximo y los rebrotes en varios países que aplanaron la curva son una realidad. No se ve la luz al final del túnel.

Tambièn es inédito que el Presidente que ofreció el cambio insista en imponer una realidad distinta a las prioridades del país. Su agenda en seguridad, en salud, educación, infraestructura, desarrollo de las regiones, transparencia, corrupción, es distinta a lo que necesita la gente. Si insiste en tenerse a sí mismo como referencia en su visión del país, proseguirá en el autoengaño.

Es inédito que el inquiino de Palacio Nacional desdeñe los principales indicadores económicos mientras la nave se hunde, es inédito que un Presidente se pelee con los hombres del dinero, que aleje la inversión; que en vez de corregir, desmantele a las instituciones creadas a través de décadas.

Como también es inédita la excesiva concentración de poder en un solo hombre, la elección de julio de 2018 pintó el Congreso del la Unión de marrón, y de la mano de ese poder se militarizó al país, se desmantelan instituciones, se redujeron los presupuestos para estados y municipios en materia de seguridad, se prende dar plenas facultades al Presidente para reasignar los dineros sin consultar a la Cámara de Diputados, de por sí sometida a la voluntad de el Presidente, a excepción de un solitario Muñoz Ledo, que en el ocaso de su vida política da lecciones de congruencia mientras es satanizado por su bancada.

Es inédito ver a un gobierno que ha despedido a miles de burócratas, que se ha gastado los fondos de estabilización ahorrados por los gobiernos que lo precedieron; que ha recortado los presupuestos de los programas para ejercerlos al arbitrio de la Presidencia, que ha solicitado miles de millones de dólares como préstamos, y que va por los recursos de los fideicomisos… Y a pesar de todo no le alcance el dinero ni rinda cuenta de ello.

Es inédito ver cómo personajes condenados en tiempos del PAN y del PRI, en tiempos de Morena son tolerados e incluso aplaudidos. Como muestra están Elba Esther Gordillo y Manuel Bartlett.

Es inédito que la nueva fuerza política tenga mayoría en varios estados y no sepa qué hacer con ella, salvo someterse a los designios de los gobiernos locales del viejo sistema y defender en los congresos los desaciertos del gobierno federal, e intentar acallar a los opositores.

El pueblo de México ha demostrado a lo largo de la historia, que otorga la confianza pero también la quita, muestra de ello son las alternancias políticas en los últimos sexenios. Hoy le ha dado la oportunidad a la izquierda que encabeza López Obrador de transformar al país.

Pero no tomar buenas decisiones, no corregir, no cambiar, confrontar, dividir… Es llevar al país por la ruta equivocada.

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