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“El ser humano cambia poco, muy poco. El político empeora, siempre empeora. Eso denunció Bierce hace más de un siglo”

A 25 de junio del 2020

Por José Antonio Lavin

Un compañero de trabajo, de aquellos tiempos laborales, del Noroeste, me pregunta cómo te va? Pues, luchando por la vida contra ese virus que ha causado miles de muertes y ocasionado la baja de ventas y cierre de muchos negocios. Me revira, acaso después de los 43 ya no operan los “malos” en tu pueblo. Ya sabes, como siempre, respondo, me comenta que su cuñada siempre ha vivido en una población del estado de Sonora, que es paso obligado a Nogales y a la Baja California, y que ahora viven llenos de terror y miedo, pese a ello, fueron invitados a través de una carta distribuida en las casas de los viejos residentes, a tener Fe. Te la mando me dice, con las nuevas tecnologías de la comunicación pronto estaba leyéndolo, después de lo anterior, me pareció ver la historia de cientos de poblaciones del país reflejadas en esas letras, se las comparto:

Estimado paisano, durante muchos años y a pesar de ser paso obligado de todo tipo de personas y mercancías, nunca habíamos sufrido el embate de bandoleros, delincuentes, que nos hacen perder la confianza en las personas y la credibilidad en las autoridades. En los últimos años, mayormente en los últimos meses, hemos sufrido golpes para romper nuestra voluntad y hacernos perder la esperanza, crecer nuestra desconfianza y llevarnos a la pesadilla de desconocer si pasado el día podremos acostarnos o si amaneceremos con vida.

La ilusión de regresar a aquellos tiempos de tranquilidad, cada vez se ve muy lejana, con el terror reflejado en nuestro actuar, observamos como una veintena de individuos sin pizca alguna de humanidad, armados hasta los dientes, transitan en las calles de nuestra querida población obligándonos a un pago, llamado de piso, por el simple hecho de tener un negocio que nos permite vivir sin necesidad de causar lastimas, ni ser una carga para la sociedad, cuando apenas sobrevivimos por ser cada vez son menos las personas que se atreven a cruzar estas áridas tierras.

Con desesperación observamos que las autoridades de los tres niveles de gobierno han cedido su autoridad al ser coaptadas por el poderoso caballero, que es el dinero, pensábamos que solo en las películas podría darse el caso de que el jefe de la guarnición militar sea sometido con convivios donde corren los mejores vinos, mujeres hermosas en compañía de los señores del mal, fiestas donde por igual acuden los agentes ministeriales y la guardia rural del estado. Exigir algo a los infelices policías municipales mal pagados, es como una pedir nogales a la vid, ellos solo observan con desparpajo las carretadas de dinero que los altos mandos reciben por no actuar conforme a su responsabilidad.

La autoridad municipal, esa es letra muerta, todos vemos y callamos lo que se ve durante los procesos electorales, andanadas de dinero a los candidatos con la finalidad de repartirlo entre la población más necesitada que les asegura su “triunfo electoral”, ese triunfo también les asegura a esas personas a operar como propias las finanzas municipales.

Es cierto que tenemos miedo a perder lo valioso nuestra existencia. La vida, conocemos que por el momento no tenemos autoridades que nos libren de esa peste que genera la violencia impune, corrupta, cruel que lacera nuestro confianza en la vida..

Cuanta verdad encierran estas líneas, es el momento de confiar en el Ser Supremo y pedir salir de estas dos pandemias que azotan nuestros hogares, no tenemos otro camino. Ni el cambio de gobierno lo ha logrado.

Algo Más…

Si la demoscopia y sus encuestas fueran a la política lo que el microscopio a la biología, no estaríamos donde estamos. Por experiencia –y la sociología política nos lo dice– que las buenas encuestas, en cualquiera de sus modalidades, sirven bastante para sondear a la sociedad en innumerables aspectos. Por ejemplo, los censos son confiables porque consultan a plenitud a la población, prácticamente nadie se queda fuera. Lo que tiene de rigor

estadístico y, por ende, matemático, propende a que a las encuestas se les asigne gran valor por construir conocimiento, acercarnos a las certidumbres o al escepticismo fundado.

No estoy peleado con las encuestas, ni con los sondeos, con ninguna de las herramientas que nos permitan investigar en la sociedad una diversidad de simpatías, aversiones, pulsiones humanas, condiciones materiales que nos hablen acerca de cómo están pensando, accionando o padeciendo los seres humanos en torno a los problemas que es indispensable conocer para tomar decisiones de variada índole, ya sea que estés en el poder, en un partido, en una ONG, o simplemente conociendo tu propia sociedad. Pero, por más que se quiera, la encuesta no es un microscopio.

Al igual que en todo el país, en Guerrero con próximas elecciones para renovar los poderes Ejecutivo, Legislativo y Municipal empezó la ejecución de todo tipo de encuestas que nada tienen que ver con su uso adecuado para llevar a conclusiones indicativas y serias por el empleo riguroso de metodologías que lo permitan. Desde luego que en esto hay niveles: en algunos portales digitales, con muy escasos lectores, efectúan estos ejercicios y los “triunfadores” de ahí pretenden salir de inmediato al estrellato de alguna candidatura. Ni estas encuestas ni el momento favorecen el conocimiento de la realidad a las puertas de la crisis económica que viene y los estragos de la pandemia.

DLXXXIV.- En mi pueblo cuando alguien se iba a casar o se moría, se decía, provienen de buenas familias, las que formaban la aristocracia de mi ciudad.

Porque en toda pueblo, hasta en los barrios populares o las rancherías hay aristocracia, si me disculpa usted.

Las lluvias ya se llevan el asfalto frio y los hoyancos vuelven a aparecer. La demagogia continúa en su lucha por el poder.

Sabías que: Para una libélula, la sola presencia de un depredador puede causar suficiente estrés como para morir de miedo.

Hasta la vista.

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