OPINIÓN PORTADA

TENER ESPERANZA

A 23 de julio del 2020

“Nunca puedes volver atrás y cambiar al principio, pero si puedes comenzar donde estas y cambiar el final”

Se suele decir mi vida es un marasmo, dicha palabra marasmo, es una de esas cuyo significado preciso difiere del significado, de lo que nosotros pensamos. Quizá por su contundente sonoridad creemos que significa confusión o lío. Pero no: Marasmo es inmovilidad, parálisis…

Muchas batallas se dan en torno a nuestro idioma, se ha llegado a plantear que el idioma es de quienes lo hablamos y la Real Academia va consignado (a veces muy lentamente) las variaciones de los significados que se le asignan a las palabras.

Se podría decir que lo que está sucediendo en el mundo y en especial en nuestro país es como vivir dentro de un estado de prolongado marasmo. Por el enorme lío epidémico en el que está inmersa la humanidad; y, por la suspensión de actividades que no sólo impacienta; sino que en alto grado desespera.

Aun así, la realidad y la impactante estadística sobre los casos de contagio comprobado y de muertes por la pandemia del COVID-19 imponen zozobra y restringen la movilidad social y laboral.

Los hechos son contundentes y más nos vale que dimensionemos el problema con los enormes alcances fatales que tiene. Si nos exponemos al virus sin protección realmente efectiva, existe una alta probabilidad de que nos contagiemos; Y cada uno, de acuerdo con su constitución y salud, la librará o no. En el proceso, podemos contagiar a otros y así será “contagio de nunca acabar”.

Así que estimados lectores, de manera cruda y directa, marasmo es “enflaquecimiento excesivo del cuerpo”, pero dicha acepción se ha ido diluyendo con el paso del tiempo. En griego ‘marasmos’ significa destruir, consumir; de ahí, extenuación, enflaquecimiento por deficiencia energética, resultando un déficit calórico total. En síntesis: un severo problema nutricional.

Ahora bien, en sentido figurado, marasmo es apatía profunda. Un estancamiento sin salida que puede afectar a los individuos en sus vidas cotidianas y actividades productivas. Hasta gastarse y consumirse el dinero y la paciencia.

Lo grave es que el marasmo puede llegar a afectar a todo un país y al mundo entero, en lo anímico, moral y físico. Por ello, vale decir la frase: “Dios nos coja confesados”.

Por ello, deberíamos tener presente lo expresado por Ernst Bloch en la introducción a su libro El principio de la esperanza, en la cual escribe frases que podrían haberse escrito hoy, y no hace 70 años: “¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿A dónde vamos? ¿Qué esperamos? Muchos se sienten confusos. El suelo tiembla, y no saben por qué ni de qué. Se trata de aprender otra vez a tener esperanza. La esperanza, superior al miedo, no es pasiva ni está encerrada en la nada. La emoción de la esperanza da amplitud a las personas, en lugar de encerrarlas”. Obra muy importante y profundamente insatisfactoria; en realidad, Bloch nunca dice qué es exactamente la esperanza, y la única esperanza es que la humanidad evolucione a algo mejor por sí sola. En quién, cómo y por qué “tenemos” que esperar, no lo dice. Si tenemos que aprender otra vez a tener esperanza, ¿quién nos lo enseñará? Sin esperanza no podemos vivir.

Qué difícil es, entonces, encontrar un lugar para la esperanza. ¿O no debería ser precisamente esta situación un aliciente para buscar esa virtud?, virtud difícil de por sí porque apelamos a ella en los momentos de adversidad, y más todavía porque no hemos pensado que la esperanza tiene sus condiciones. La esperanza tiene sus condiciones de posibilidad, está vinculada a un cambio que lo abarca todo, la vida personal lo mismo que la vida social con todos sus estamentos; no podemos seguir cometiendo ‘los mismos errores’ impunemente. Los mismos, o peores, bajo otras siglas.

Algo Más…

Sin embargo, muchos ciudadanos dejamos en manos de otros iguales a nosotros las decisiones que modelaran nuestra esperanza, ejemplo, cuando en 1997 se desapareció el sistema pensionario manejado y dilapidado por los gobiernos priistas, nos vendieron, junto con los panistas, la panacea de un sistema que la dictadura de Pinochet, había implementado en las pensiones de los trabajadores chilenos, bajo el auspicio de los economistas neoliberales del pensamiento cero Estado, todo privado, las ganancias solo para los banqueros privados.

Pasado el tiempo exploto esa patraña, los primeros chilenos en recibir su pensión bajo ese modelo, están percibiendo menos del salario minino, muy lejos de sus últimos salarios, esa burbuja reventó en protestas, obligando al gobierno de Piñeira a proporcionar un subsidio para apoyar a la clase trabajadora,

En México esa burbuja reventara en menos de cinco años, por ello, el gobierno de la 4T en concordancia con el sector privado y otra vez los obreros organizados presentaron este día 22 de julio una propuesta de reforma para incrementar las aportaciones patronales y la reducción de los 25 a los 15 años de cotización para asegurar una pensión, el gobierno se compromete a garantizar una cuota social igual al salario mínimo a los jubilados.

La esperanza de una vida mejor en la vejez para los trabajadores se sigue diluyendo, los mexicanos seguimos en el marasmo de la inmovilidad.

DXCII.- Debemos insistir, las obras de relumbrón que se solicitaron para Iguala, nunca nos llevaran a comparar nuestra ciudad con otras de la misma importancia histórica de la Independencia, esas obras solo harían ricos a los contratistas, además demandaran en el futuro dinero para su mantenimiento, si no se tiene para los carros de basura, para el alumbrado público, menos para conservar sitios con historia.

El Coronavirus muestra el oportunismo político en Iguala.

Sabías que: La sandia, las alcachofas, las uvas y las manzanas son alimentos que ayudan a los riñones a funcionar mejor.

Hasta la vista.

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